Bodas de Caná: agua convertida en vino
Hay una boda en Caná; están Jesús, María y los discípulos. Se acaba el vino; María dice a Jesús: «No tienen vino». Él responde: «¿Qué a mí y a ti, mujer? Aún no ha llegado mi hora». María ordena a los sirvientes: «Haced todo lo que os diga». Jesús manda llenar seis tinajas de piedra —grandes, para la purificación judía— y sacar agua convertida en vino. El maestresala elogia al novio: has guardado el mejor vino hasta el final. Es la primera señal; los discípulos creen en él. Juan no llama «milagro» sino «señal»: apunta a un significado más profundo. La Iglesia ve anticipación de la Eucaristía y del banquete escatológico: Cristo da vino nuevo, don de alegría y vida. María intercede; los sirvientes obedecen: modelo de fe activa.